Un hombre que duerme es la historia de un joven que se quiso al margen de(l) todo... y la del cruel aprendizaje de que no existe nada fuera de esa totalidad. duro escarmiento de un sujeto que, desmigajado el universo, se atormenta y se vuelve culpable. porque, en definitiva, no se puede juzgar el todo, ni medirlo, ni compararlo, ni, sobre todo, negarlo. no obstante, el espíritu de este libro quiere ser fiel a la movilidad de la búsqueda, al pensamiento vagabundo, como si de antemano estuviese de acuerdo con el nomadismo de una verdad o una realidad que se hacen y deshacen en el caminar, como la ciudad misma. igual que ocurre con el propio estatuto del sujeto, el sentido es siempre varios: la verdad comienza en el desdoblamiento, y la fisura, en dos, en el entre dos. de ahí la necesidad de una interpretación que no se resuelve en la revelación de una realidad oculta, sino en la lectura de un texto en varios sentidos y que, en suma, no tiene más significado que el del proceso, el devenir. la interpretación es siempre un estuario, una travesía de múltiples direcciones. este ensayo tiene, pues, la estructura de un cruce o de un pasaje que permite por un momento atravesar las distintas líneas de sentido que recorren los diferentes textos (narrativo, fílmico) que g. perec tituló un hombre que duerme, y su encaje dentro del contexto biográfico e intelectual del autor y de su tiempo.
